lunes 16 de julio de 2007

Textos de Nicandro Puente

Los murales de Tlatelolco


Arquitectura y pintura mural han sido expresiones artísticas complementarias, en diversas civilizaciones.


El muralismo conlleva un valor histórico y estético, desde las pinturas rupestres hasta las experiencias contemporáneas.


En Tlatelolco los murales testimonian su desarrollo, la identidad de sus habitantes y el impacto de sus acontecimientos en la vida nacional.


Tlatelolco es el centro habitacional urbano que reúne en su arquitectura monumental el mayor número de murales en proceso


Los murales evocan hechos históricos y culturales, significativos para nuestro país y el mundo.


Señalan la trascendencia del sitio en la expresión plural de la sociedad contemporánea.


Abordan la vocación pacifista y solidaria con que se firmó aquí el Tratado Internacional de Tlatelolco que limita la proliferación del armamento nuclear.


Preservan la memoria histórica sobre el parto doloroso del mestizaje, la vigencia de nuestra cultura y el parteaguas dramático del 68 en la expresión libertaria de México.


Destacan los esfuerzos de la sociedad civil durante los sismos de 1985, para rescatar la vida y reconstruir la esperanza. Restituyendo entre nosotros la fe en la solidaridad humana


Tlatelolco es sitio histórico arqueológico, turístico, diplomático, urbanístico y artístico de profundo significado político y cultural.

Tlatelolco es la Raíz y Expresión de México
¡Visítalo!

Tlatelolco es memoria contra el olvido

¡Conócelo1

Tlatelolco es el corazón abierto de México

¡Consérvalo!

Nicandro Puente
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MURALES EN PROCESO

UNA EXPERIENCIA COMUNITARIA




Este es un recuento del proyecto Red Urbana de Muralismo Comunitario.


Es parte de la memoria fotográfica de un proceso de colaboración y suma: la Red urbana de Muralismo Comunitario.


Manos voluntarias fueron entretejiendo la solidaridad y el color como si fuera un sueño.


El proyecto nació de la inquietud por el beneficio colectivo, buscando la participación de la comunidad.


Se deseaba contribuir al mejoramiento visual del entorno urbano a través de acciones autogestivas.


De producir bienes culturales comunitarios, que reforzaran la identidad de sus propios habitantes.


Tlatelolco asumió con acierto este proyecto y hoy compartimos parte de su avance, en la elaboración del mural Tlatelolco 1985: Sismo y Resurrección.


Ha sido una experiencia disfrutada en grupo, sumando voluntades, aportando ideas y conocimientos.


Ahora mostramos las imágenes de este proceso y de quienes participamos en él, convencidos de que nos enriqueció a todos.


Creímos necesario transformar nuestro espacio vital y transformarnos en comunión con los demás, dando algo de sí mismos.


Transformar el solitario yo… en un solidario nosotros.


Los murales han permitido abordar con entusiasmo este reto, adquiriendo por momentos tintes de hazaña seductora.


Aprendimos juntos, que sumando se puede.

Nicandro Puente

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TRABAJO COMUNITARIO Y ARTE PÚBLICO PARA CONSTRUIR IDENTIDAD CULTURAL


La experiencia inicia en el año de 1997 con la Red Urbana de Muralismo Comunitario fundada por el Maestro Nicandro Puente, pintor y muralista Tamaulipeco, quien convencido del valor transformador del hacer colectivo, la fuerza formativa de la experiencia sensorial y el compromiso solidario, busca contribuir en el mejoramiento del aspecto público del entorno urbano de la Ciudad de México, a través de obra muralística, de acciones asociativas y bienes culturales autogestionados.


La Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco por sus características históricas, urbanas y culturales se constituyó en el espacio sede del proyecto. Núcleo ideal para canalizar esfuerzos y apoyos que enriquecen la noción comunitaria de sus habitantes, ahora que tan útil resulta a esta enorme ciudad.


Esta inquietud orientada a promover acciones de beneficio colectivo, buscando la participación organizada de la comunidad o de un grupo de sus miembros, se inició en el Cabezal sur del Edificio Aguascalientes con el mural “Tlatelolco Raíz y Expresión de México” cubriendo de color, forma e historia una superficie de 327 m2 y escalando una altura de casi 30 m. Aborda la historia de Tlatelolco desde la época prehispánica hasta el hombre contemporáneo y resalta acontecimientos importantes como es la firma del Tratado contra las armas nucleares.


El 2º. Mural, alentado por las vecinas residentes del edificio Molino del Rey, rinde tributo a la mujer porque, como expresó Rigoberta Menchú, en un mensaje enviado ex profeso: “Hacer un homenaje a la lucha de la mujer es, sobretodo un homenaje a la madre que simboliza la creación.” Dicho mural dio inicio y se entregó a la comunidad un año después el 8 de marzo de 2000, justamente el Día Internacional de la Mujer. Desde entonces con dicho motivo, cada año se realiza un festival Artístico – cultural con la participación de las vecinas, jóvenes y habitantes de la zona.


Los sismos del 85, acontecimiento que cimbró las entrañas de la Ciudad y cuyo impacto tuvo especial repercusión en la zona de Tlatelolco, son el tema del tercer mural. “Tlatelolco 1985: Sismo y Resurrección”, en él, se pondera la gran solidaridad surgida ante la desgracia humana y exalta la ejemplar respuesta de la sociedad civil que con voluntad, hizo renacer nuevas esperanzas. Así 1250 m2 frente al jardín la Pera, se convierten en un oasis sensorial y son testigo de la transformación del lugar: que pasó de ser un espacio de inseguridad y vicio a un centro de reunión familiar, ejercicio y esparcimiento.


Dos murales más en proceso se erigen: “Tlatelolco: héroe y mártir de las libertades” donde se consigna el brutal acontecimiento del 68, y el quinto que deja de manifiesto la lucha de la comunidad tlatelolca en defensa de su entorno, al impedir que la Torre de BANOBRAS se convirtiera en sede de la Procuraduría General de Justicia.


Así, el proyecto ha modificado la percepción del entorno, en una nueva interacción de intensidad sensorial-comunicativa.


Los muros ahora hablan de su historia, son testimonio de una experiencia autogestiva, que retoma el derecho a la resistencia cultural, en tiempos “donde la imagen corporativa, la identidad y cultura de los grandes monopolios, pretenden sustituir la personalidad propia y la identidad de los pueblos para integrarnos a lo global.”


Ha permitido tensar la capacidad colectiva de la comunidad tlatelolca, en la producción de patrimonio cultural propio, contraponiendo a la contaminación visual, “lenguajes plásticos no comerciables, como símbolo de identidad y patrimonio tangible de una comunidad”


El mural es un reducto de libertad inherente al interés social, un espacio de resistencia civil ante el contexto de globalización.


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En la pintura monumental la incursión sensorial ocurre cuerpo a cuerpo, en aproximaciones riesgosas y distanciamientos estratégicos; se asciende palmo a palmo las entrañas metálicas del andamiaje con una idea fija, con voluntad de alpinista, reteniendo el trazo imaginal que se pretende, como se retiene el aliento en un escarpado de alto riesgo.


La comodidad del taller se antoja parsimoniosa y palaciega, en el muro exterior el parto de la luz ocurre a cielo abierto a la vista voraz del flujo urbano, sobre las fauces hambrientas del abismo asfáltico.


La acción es allí, una poética de doble transgresión al vacío.